Personal

16 Mar

Pesadilla o realidad

By Pablus Monsoon

Un sonido como cuchillas se abre paso en tus oídos, la alarma de otro día de trabajo. Las luces de neón marcan las 03:35 a.m. y la música que elegiste de alarma hace unas semanas, ya empieza a cansarte y la odias un poquito más con cada día que pasa. Te pones a dar unas vueltas y piensas que hace un rato estabas muy lejos de todo eso, inmerso en otro espacio, en otro tiempo.

Tomas la fuerza de la obligación y te levantas. Escuchas el sonido ensordecedor de la soledad, esa que te acompaña hace varios años. Vas al baño y te miras al espejo, piensas en qué momento te hiciste tan pálido.

Y lo mismo de siempre, correr al colectivo, el chofer que te mira con cara de pocos amigos y el pequeño viaje de cinco minutos al trabajo. Llegas, te pones ese uniforme digno de un esclavo de la sociedad aunque a veces te hace sentir superior, pero siempre intentas recordar que estás para servir y no para ser servido.

Nunca sabes con qué te vas a encontrar, es un trabajo impredecible. Pero tu mente siempre es la misma, están las mismas preguntas e ideas dando vueltas. ¿La amo? ¿Sentirá ella lo mismo? La ambigüedad de relaciones te desconcierta. ¿Es un él o es una ella?

Las rutinas solitarias de ejercicio diario te hacen aún más sumergirte en esos pensamientos. A pesar de que tienes conocidos allí, ellos te conocieron obligadamente por ser compañeros de trabajo y le terminaste cayendo bien como para que tengan pláticas espontaneas de cómo estás y esas vulgaridades comunes.

De regreso a tu pequeño departamento, aquél que todavía no puedes llamar hogar, lamentas todos tus errores, esos que aún te persiguen y asechan. Esos errores que parecen nunca acabar de dejarte ver lo bueno de ese mal sueño llamado realidad.

E6C

Te hechas en el sofá y prendes la notebook, buscas las series del día anterior televisadas en un país del norte que ves en diferido porque te crees superior a toda programación nacional. Pero ¿de qué sirven todos esos reflejos polvorientos que tratan acerca de la vida, del amor, la muerte y del destino? ¿Fueron suficientes para alcanzar tus sueños? Si al final te acobardaste argumentando que tenías otras cosas en mente.

El cansancio empieza a hacerse notar y tus parpados te pesan, sin darte cuenta caes rendido en el sofá. Tu espíritu está cansado y abandona tu cuerpo, sin darte cuenta el manto de la noche cae lentamente.

La noche –como tus años- pasa de largo, entretanto pasan los días sobre tu lugar adornado con fotos de una vida pasada, esos amigos que aunque están lejos, sigues queriendo, algunas fotos de personajes de series y fotos de tus padres y del menor de tus dos hermanos. El café endulza tus horas pero la vida va pasando.

Nuevamente te asalta el cansancio. Experimentas un ensueño difuso, real y volátil. En él, escuchas a un médico diagnosticarte alguna enfermedad extraña, peligrosa y tal vez aterradora ¿Era epilepsia? ¿Era cáncer? Hay un hospital inmortalmente blanco y una máscara de oxígeno.

Despiertas sobresaltado, sudando y con escalofríos. ¿Fue una pesadilla? Claro que lo fue, te dices a ti mismo.

Es uno de tus días libres, decides salir a caminar. El sol temprano te alimenta, fatigas largas veredas de baldosas desacomodadas de Buenos Aires, aquélla ciudad que aunque te vio nacer, no la consideras tu ciudad de origen porque no te criaste allí. Caminas por calles y avenidas. El tiempo pasa, pero las horas no. Cruzas puertas, parques, kioscos y jardines. La gente y los autos atraviesan la ciudad; tu mente, el firmamento. Percibes algo que en todos tus años jamás habías advertido, te preguntas si estaba oculto dentro de ti o ignorado ahí fuera. El crepúsculo mancha la tarde, tú ocupas un banco en la plaza vacía.

Al llegar a casa te hundes en tus sábanas blancas, acelerando el amanecer. Es sábado ya, pero las pesadillas son perseverantes. Esa noche te has sentido atrapado, sin poder ver y apenas respirar. Vuelves al espejo que arroja el mismo resultado de antes. Te gustaría que el espejo mintiese, pero al fin de cuentas un espejo solo ve la superficie, solo la apariencia.

Te miras al espejo y giras alrededor de tus propias mentiras. Todos estos años te has dicho sácate ese anillo de bodas, tíñete ese cabello, trágate esa valentía. Tus días habían estado saturados pero nunca de vida.

Y el tiempo pasa.

Recordar la escuela y tu breve paso por la universidad es inevitable, aquellos maravillosos años que nunca volverán. Te levantas en medio de la madrugada y abres tu viejo cuaderno, poemas y fragmentos de una hipotética novela se escurren en el papel. El deseo por escribir te consume. Lo haces libremente y sin pensar si vale la pena o no, como casi siempre.

Plasmas en el papel la esencia de lo aprendido estos días, desarrollas reflexiones puntuales sobre la vida y cómo crees tú que le podría servir a los demás. Tu ilusión crece mientras tu lápiz impasible rellena cada renglón vacío. El tiempo se evapora.

Despiertas una hora antes del amanecer, la hora más larga y más fría, con quince páginas repletas de tinta, textos largos, párrafos con puntos suspensivos, palabras tachadas y el cuello adolorido. Con agradable somnolencia te diriges hacia tu cama. La oscuridad te abraza con sus infinitos brazos y no escuchas nada más que tu respiración convulsiva. Recuerdos se amontonan en tu mente: Ariadna, tu trabajo, tu vida, tu familia y amigos, tu adicción, tu enfermedad.

Desesperado por salir, intentas romper a golpes las tablas que te dominan, tu cuerpo bañado en sudor frío pugna dentro del ataúd. Es inútil… Has consumido tus uñas rasguñando el cajón. Metes tu mano al bolsillo, descubres varias hojas de papel dobladas (¿quince?), están desgastadas y huelen a tinta. La penumbra te impide leer sus palabras escritas. Preguntas y respuestas sacuden frenéticamente tu cabeza.

¿Todo lo vivido anteriormente fue una pesadilla o realmente ocurrió? Además, ¿cuál sería la diferencia entre lo soñado y la realidad? ¿Dormías y recién despertaste o esto es sólo es una pesadilla más? Un tsunami de preguntas sin respuestas inundan tu mente y tu vacío corazón se llena, mientras respiras el último soplo de vida que te resta.

Share

15 Mar

A fuego lento

By Pablus Monsoon

He repartido mi vida entre amores ligeros, amores baratos, amores vacíos, amores llenos de soledad, amores de una tarde, amores de una noche, amores de pocos besos y pocas caricias, amores de pocas palabras.

He mal invertido mi tiempo. Ya he probado las prisas el sexo exprés y los amores precipitados. La abolición de los preliminares. Los ombligos pasajeros. Los te quiero a primera vista. Los cuerpos fugaces. Las bodas en Las Vegas. Las cremalleras atropelladas. Me enamoré de personas desconocidas y las desquise a contrarreloj. Ya no quiero eso.

Me doy cuenta que necesito un amor eterno, un amor de cuento, un amor de novela. Aunque sea una mezcla de todo o ni siquiera sepamos qué es, nos desmorone los huesos, un amor del bueno. Necesito un amor a fuego

L

E

N

T

O.

No quiero a una persona segura de lo que quiere, pero sí segura de que me quiere. Y ya está. No pido que nunca deje de dudar, pero sí que me tenga claro. Claro que quiera tenerme en su vida.

Así que el pirata se saca el parche y que se suba al barco quién quiera.

Share

21 Ene

Simplemente estoy solo

By Pablus Monsoon

<

Hola, amigo.

¿¿"Hola, amigo"?? Eso suena muy estúpido. Quizá debería darte un nombre, pero eso es peligroso. Solo existes en mi cabeza y tengo que recordarlo muy claramente.

Mierda. ¿En serio ha pasado esto? Estoy hablando con una persona imaginaria.

Un día desapareciste, después de algo que me hizo entender que no eras real. Eso es bueno, supongo. Pero tan bueno, que borró esa parte de mi mente, la que no permite que exista lo bueno, sin condiciones, así que comencé a perderme en mí mismo.

Es increíble la cantidad de dispositivos y productos al alcance de nuestra mano que pueden ayudarte para eso. También dejé de escribir, como si siempre hubieras sido vos mi musa para escribir. Quiero decir, sigo escribiendo, pero ya no como antes, antes de que vos me estuvieras dictando al oído.

Siempre tenías el procedimiento adecuado para detener la oleada de pensamientos en mi mente, ahora sin esa voz, esa oleada es un tsunami y no puedo detenerlo a tiempo… a tiempo para no destruirme.

¿Te das cuenta cuánto más simple hubiese sido que simplemente no te fueras? No lastimé a nadie. Nunca lo hice. Al menos no intencionalmente. Esa es… mi vida personal. Sé lo que es ser diferente. Yo también soy muy diferente. O vamos, ya debería suponerlo, yo te creé.

Hola, amigo. Te extrañé anoche. ¿Dónde andabas? Dónde estabas cuando decidí perderme otra vez, vos sabes que solo tus palabras pueden alejarme de todo lo que me hace mal, aunque paradójicamente todas esas cosas, son las que más me hacen sentir vivo.

Que se joda la sociedad. ¿Por qué? No lo sé. ¿Es porque todos pensamos que Steve Jobs era un gran hombre, a pesar de saber que ganó millones a cuestas de niños que trabajan en sus fábricas? O quizá es porque parece que todos nuestros héroes son falsos.

El mundo en sí es un gran engaño. Enviamos correos no deseados con nuestros continuos comentarios de mierda cubriendo lo que está en la vista, nuestras redes sociales, falsificando intimidad. ¿O es que votamos por eso? No con nuestras elecciones arregladas, sino con nuestras cosas, nuestra propiedad, nuestro dinero.

No estoy diciendo nada nuevo. Todos sabemos por qué hacemos esto, no porque los libros de "The Hunger Games" nos alegran sino porque queremos estar sedados. Porque es doloroso no fingir, porque somos cobardes.

Que se joda la sociedad.

¿No hay alguien que lo intente? Comprender lo que es sentirse solo. Comprender el dolor. Es un camino resbaladizo.

A veces sueño con salvar el mundo. Salvar a todos de la mano invisible, la que nos marca con una tarjeta de empleado. La que nos obliga trabajar para ellos… La que nos controla todos los días sin que lo sepamos. Pero no puedo evitarlo. No soy tan especial. Solo soy un anónimo. Solo estoy solo.

Detesto no poder contener mi soledad. He estado llorando demasiado a menudo, cada dos semanas. ¿Qué hace la gente normal cuando se pone así de triste? Supongo que recurre a sus amigos o familia. Esa no es una opción.

Yo recurro a otras cosas. ¡Lo que daría por ser normal! Vivir en esa burbuja, la realidad de los ingenuos. Nunca quiero tener razón sobre las personas, pero la gente siempre encuentra una forma de decepcionar. La mirada de la desilusión.

Ahora viene la tristeza. Y yo simplemente estoy solo.

Share

15 Sep

Nadie va a venir a salvarte

By Pablus Monsoon

A nadie le importa realmente tanto como a ti el que te vayan bien las cosas, que tengas un título y una carrera, que sigas tu pasión, que tan inteligente o lindo te creas… lo único que realmente le importa a la gente es cuan útil le podes ser.

Te mereces lo que te has ganado con tus acciones, ni más ni menos, tu trabajo vale exactamente lo que los demás están dispuestos a pagar por él y ahora mismo estás donde deberías estar.

¿Y oportunidades? ¿Te quejas de oportunidades cuando has podido ir al colegio y a la universidad? ¿Cuando tienes acceso a hospitales, bibliotecas e Internet? ¿Cuando estás leyendo estas palabras desde tu iPhone? No me hagas reír.

Las oportunidades no las regalan: hay que ganárselas. Nadie te va a dar nada por tu cara bonita. Primero vas a tener de demostrar lo que vales.

Deja de ser una víctima. Basta de echarles la culpa a los demás repitiendo frases como “es que me despidieron” o “es que me quitaron los subsidios.”

¿Acaso alguien te obligo a entrar en esa empresa? ¿Acaso no sabías que te podían despedir en cualquier momento? ¿Esperabas que te regalen toda la vida los servicios?

El responsable eres tú, y han sido tus decisiones las que te han llevado hasta el punto en el que te encuentras. Bien, una ayuda de vez en cuando no viene mal pero ¿qué hiciste para no necesitar más esa ayuda?

Para cambiar tu situación, empieza por dejar de cargar tus problemas en la espalda de los demás. Asume de una vez que tú tienes el control de tu vida, que tú eres el único responsable de donde estás ahora y que tú eres el único que puede solucionarlo.

OPORTUNIDADES-600x400[9]

Hechos, no palabras

¿No tienes trabajo? ¿Te pagan una miseria? Seguramente haya un buen motivo para ello. Seguramente habrá miles de empresas que pudieran contratarte, pero eso será después que hayas producido algo y hayas demostrado lo que vales.

El nombre del juego es demostrar. ¿Qué puedes demostrar tú?

La idea en tu cabeza de que te mereces más de lo que tienes demuestra que no has entendido nada. Las palabras se las lleva el viento, así que menos hablar y más demostrar.

Porque nadie va a venir a salvarte; vas a tener que ser tú el que se gane la salvación.

Share

15 Sep

El lugar donde a nadie le importa

By Pablus Monsoon

Siempre me gustó la idea de descubrir que a la gente no le importa. Que tienen mejores cosas que pensar, que tienen cosas más importantes por las cuales preocuparse.

Vivir mi verdad es la manera más fácil, aunque duela y me asuste decirla porque sería como admitir que he estado viviendo una mentira. Pero no es tan así porque en realidad solamente está oculta.

Puedo compartir mi verdad o sentirme orgulloso de que soy honesto conmigo mismo, aunque a veces sí importa lo que digan los demás.

518878_940

Me gusta cuando la gente me ve y no le importa qué esté usando o de quién voy agarrado de la mano.

Siempre dije que ese lugar, se convertiría en mi hogar. Y me parece que ya lo encontré.

Share

Contacto




Rellena todo el formulario.


Enviando...

Cerrar formulario